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Febrero: Mes del Jubileo para los Enfermos y Jornada de oración por ellos

Misericordiosos como el Padre

Acercándome al Señor

Nota 2Es muy significativo poder comprender la experiencia del dolor y la enfermedad como camino para acercarnos a la pasión de Cristo, que asumió nuestro sufrimiento para transformarlo y darle un sentido salvífico. Nuestro sufrimiento no se queda en campo terrenal, si lo asumimos con sentido cristiano, nuestro sufrimiento realmente tiene un sentido redentor, que nos une a Jesús y nos da múltiples oportunidades de ofrecimiento y de hacer oración.

Que gran alegría en este contexto jubilar y cuaresmal, celebrar en nuestra Diócesis, este jubileo para los enfermos y para aquellos que los cuidan y atienden, abriendo las puertas del corazón a la misericordia y al perdón.  Vivamos este jubileo todos los días, todos los meses, todos los años; no solo el mes de febrero.

Aprovechando las diversas formas de poder unirnos a las gracias que se obtienen en este año santo: para los enfermos y las personas ancianas que no pueden salir de casa, el Papa afirma que para ellos “será de gran ayuda vivir la enfermedad y el sufrimiento como experiencia de cercanía al Señor” y les recuerda que vivir con fe y esperanza el momento de prueba, recibir la comunión, participar en la santa Misa y en la oración comunitaria, o través de los diversos medios de comunicación, será la forma en que pueden obtener la indulgencia jubilar.

Este Jubileo para los enfermos, nos da la gracia de poder encontrar a Jesús en el necesitado en el que está solo, en el que necesita de nosotros un consuelo, una palabra de aliento, un consejo, un minuto de nuestro tiempo. Cada que visitamos a un enfermo, podemos encontrar en él, el rostro sufriente de Cristo, que nos dice “cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me los hicisteis” (Mt 25, 40)

La enfermedad muchas veces está acompañada de soledad, abandono, tristeza, y es allí donde es necesario donar nuestro tiempo para acercarse al que sufre, estar ahí, escuchar, servir y hacer concreta la misericordia, con alegría, y asemejarnos así al Señor Jesús, que “pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el mal… y que hoy se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”

Vivamos pues la misericordia visitando a nuestros enfermos, recordando que mañana podemos ser nosotros lo que esperamos con ansias ser consolados por un hermano que vive la misericordia. Seamos un Cristo consolador para los que sufren y que ellos sean Cristo sufriente para nosotros.

Hna. Melissa Agudelo Torres
Acción Caritativa y Solidaria

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