Memorias XXIX Foro por la Paz.

XXIX FORO POR LA PAZ

JUVENTUDES ENTRELAZANDO APUESTAS POR LA PAZ

MEMORIAS


Discurso de apertura –  Pbro. Edgar Alfonso Gómez. Director Fundación Pastoral Social.

Saludo:


Doy una cordial bienvenida a todos ustedes que han dedicado tiempo en este día, para escuchar, pensar, proponer y ser instrumentos para seguir construyendo paz en nuestro territorio.

De manera especial, saludo al Señor alcalde de Marinilla, doctor Edgar Villegas  Ramírez y a su equipo de trabajo que hoy hacen presencia; a las demás autoridades civiles y de policía del municipio y de la región, a los representantes de las diversas instituciones y colectivos, a los líderes sociales, a los religiosos y sacerdotes presentes, a todos los hombres y mujeres que han acudido a este espacio donde se quiere aportar a la construcción de paz y de manera muy especial a los jóvenes que venidos de los distintos  municipios de este oriente antioqueño, hoy están con nosotros para dar a conocer sus ideas y sus propuestas para hacer de esta región y del país un territorio pacífico e incluyente, donde todos cabemos y podemos luchar por una sociedad y un futuro mejor. Saludo además a quienes nos escuchan y nos siguen por los diversos medios de comunicación y las redes sociales, que desde sus casas o lugares de trabajo se unen con nosotros para entrelazar apuestas por la paz.

Mensaje:

Desde hace ya casi tres décadas, convocados por la Diócesis de Sonsón-Rionegro, la Corporación Vida, Justicia y Paz y los aliados que cada año se suman a este esfuerzo por transformar y mejorar el territorio venimos realizando este Foro por la Paz, con el deseo de propiciar espacios de reflexión y escucha, de socialización y conversación constructiva; el Foro por la Paz es el espacio donde la sociedad civil, las instituciones que hacen presencia en este territorio, los líderes sociales, la Iglesia,  los hombres y mujeres de buen corazón se encuentran para ofrecer una luz que dinamice las conciencias y los corazones para no desfallecer en la dura tarea de lograr una sociedad en paz, justa, soñadora y alegre, una sociedad comprometida con la vida y el valor de cada uno de los seres humanos que la conformamos, una sociedad promotora de valores donde se respete la dignidad de todo ser humano, sin importar su raza, creencia, cultura o condición social, que valora y toma en serio a cada individuo, una sociedad que debe vivir en amor fraterno y respeto recíproco, pues somos hermanos y compartimos esta casa común  que debemos cuidar, cultivar y proteger, pues tenemos la grave tarea de ser los administradores de la obra de la creación.
Son muchas las realidades sociales y políticas que enfrentamos y que siguen siendo, en muchos casos, factores generadores de violencia, injusticia y desigualdad:

  • La obstinada actitud desadaptada de grupos al margen de la ley que siguen usando las armas y el secuestro como medio para imponer sus ideas.
  • La ausencia del Estado en tantas regiones y ambientes, la falta de atención de las necesidades básicas de muchas personas en lo referente a la alimentación, la vivienda, la educación y la salud, entre otras.
  • La corrupción que pareciera generalizada en las personas, las instituciones, el Estado y la misma Iglesia.
  • La falta de educación y cultura ciudadana para la mejor convivencia.
  • La impunidad que motiva a seguir delinquiendo y haciendo el mal.
  • El flagelo del microtráfico, las drogas que sigue esclavizando a más personas cada día, en especial a los niños y niñas, adolescentes y jóvenes, que se convierten en víctimas de aquellos que de manera inescrupulosa desean conseguir dinero fácil y abundante por cualquier medio.
  • Los migrantes y desplazados que buscan un techo, alimento y bienestar.
  • La xenofobia, la discriminación y el racismo.
  • El querer aumentar las leyes que prohíben y no se promueve la educación que previene la violencia, injusticia y desigualdad.
  • El hacinamiento carcelario y la mentalidad del castigo sin buscar la enmienda del reo, la educación y formación para la resocialización y productividad.
  • La desvalorización de la persona humana que hace que pierda su dignidad y sea tratada como mercancía o cosa que se usa y se desecha.
  • La inversión de la escala de valores.
  • La deshumanización de los humanos y la humanización de lo que no es humano.
  • Las posturas radicales y extremas que parten del supuesto que el otro está en el error y mi posición es la correcta; el sentimiento de rabia que puedo experimentar en el interior cuando veo o escucho al que no piensa como yo.
  • La indiferencia individual y colectiva, la ausencia de conciencia de que en lo cotidiano es posible ir generando el cambio; el día a día personal no es visto como oportunidad para ser amable, buen vecino, buen ciudadano, buen hermano.

Estos y muchos otros inenarrables factores que de modo personal y colectivo se van arraigando, impiden ver con ojos nuevos el futuro que deberíamos decidirnos por construir e impiden que “sigamos coloreando la Paz”. Pero si hoy estamos aquí, es porque en nuestro interior existe una fuerza que nos impulsa a ser diferentes, a proponer nuevas posibilidades, a renovar y crear nuevas estructuras, justas y transparentes que guíen y orienten  por senderos de paz.

¿Qué debo hacer?

¿Cuál es mi apuesta por la paz?

¿Cómo aportar para renovar y cambiar la mentalidad violenta, egoísta, indiferente y corrupta?

¿Cuáles son las actitudes o posturas violentas que aún conservo y debería arrancar de mi personalidad?

La cuestión es que no puedo esperar a que otro lo haga, a que la Paz venga de fuera, por una firma o el acuerdo de las partes; ese es un paso, un paso muy importante, pero hay que ir más adentro, hay que ir a lo profundo del ser humano y allí, a lo profundo del ser humano sólo va uno mismo, pues el interior, la conciencia misma del ser humano es como un sagrario que no se puede profanar. En ese sagrario debería habitar la Verdad, no mi verdad, sencillamente la Verdad. La que está libre de ataduras, de ideologías o apegos, la Verdad que hace libres, la Verdad que hace entender que somos hermanos y que no hay por qué derramar sangre, porque cada vida es sagrada, la Verdad que no está viciada o manoseada, aquella que en sus manos toma no las armas o la venganza sino,  que con las manos abraza,  brinda ayuda y apoyo.

Así entonces, se empieza a construir la paz, cuando yo me decido por ella y soy capaz de contagiar al otro. Vivir con conciencia de poder aportar a esta sociedad con mis gestos y acciones pequeñas pero permanentes, siendo honesto y transparente, obrando con sentido común y comunitario, obrando bien aunque no me vean ni me feliciten; obrando según lo que soy, haciendo uso de la razón y reconociendo en el otro mi par, mi semejante, mi reflejo, al que debo tratar como yo quiero ser tratado, con el que debo ser misericordioso, es decir, salir de sí mismo para ser solidario con la necesidad que hay por resolver, para sentir con el otro, para ponerme en sus zapatos.

Es necesario recuperar y dar el sitio que corresponde a los valores verdaderamente humanos, recobrar la dignidad de la persona, educar para el uso natural y recto del cuerpo y el entorno, valorar la familia como escuela del amor y la fraternidad donde se crece en la auténtica afectividad, en el amor donado y recíproco, donde se valoran las capacidades de cada uno según sus posibilidades y capacidades, donde todos de manera solidaria aportan para el bien de todos. Todo esto que puede sonar al principio trágico, por las manifestaciones permanentes de desigualdad que generan violencia, es lo que estamos llamados a transformar y a no dejar como un inalcanzable ideal o un simple discurso. Es posible cambiar la historia, es posible transformar y mejorar la realidad, es posible hacer realidad lo que soñamos. No dejemos que el desánimo o el cansancio aplasten los nobles deseos y añoranzas del corazón que ama, espera y abraza.

Abramos pues el espíritu y dispongámonos para ser instrumentos de paz y no desperdiciar lo que hemos construido. Ustedes jóvenes, que son creativos y que están llenos de ilusiones, de creatividad y deseos de hacer las cosas nuevas y mejores, contagien esta sociedad, armen lío, no tengan miedo, empuñar en sus manos y en su corazón la Verdad y con actitudes y convicciones permanentes siembren justicia y cosecharán Paz.

 

Ponencia I – La paz en movimiento: Acción juvenil y la construcción de puentes para la reconciliación. Julián Marín – Trabajador Social.

 

El ponente expresó la necesidad de hacer memoria, de propiciar diálogos que permitan entender el pasado de resistencia, el pasado problemático, las acciones que le han dado identidad a nuestros territorios. En su percepción, el momento actual del país nos hace un llamado a construir desde la diferencia, donde las perspectivas políticas sean motor para el cambio y la no repetición de la violencia. De igual manera, su intervención hizo hincapié en los siguientes aspectos:

 

1) “Tarde nos dimos cuenta que para resolver el conflicto armado una posibilidad era el diálogo. Las armas y a política no son una muestra muy provechosa para el país. Nuestro lugar en el mundo era la creación, para compartir con el otro la no violencia”.

2) “La paz se construye desde abajo, desde lo urbano, desde las veredas. La experiencia de varios municipios nos dan cuenta de la paz como un la apuesta de construcción”.

3) “Nosotros tenemos que ser los facilitadores de puentes para la reconciliación. En la perspectiva de división son las y los jóvenes  los llamados a construir puentes, a imaginarnos un país donde la pluralidad sea una ventaja y no una amenaza. Un país donde los ejércitos no sean las primeras opciones para los jóvenes. Es un llamado a romper los círculos de odio”.

 

Asimismo, finalizó su intervención manifestado que la “la vida es lo que tiene que cohesionarnos como nación. Si nos permitiéramos erradicar la injusticia de la guerra y de la exclusión, tejeríamos una nueva historia en este país, y ese es el llamado para los y las jóvenes. Estamos llamados a ser creativos”.

 

Ponencia III – Retos para la construcción de paz a partir de la verdad. Lucía González Duque – Arquitecta y Asesora de la Oficina del Alto comisionado para la Paz.

 

Como Asesora de la Oficina del Alto Comisionado para la paz, insistió en la verdad como eje central en la construcción de paz y reconciliación, siendo un asunto que nos compete a todos como país. Estimó que la verdad se convierte en un deseo, regalo y logro de todos, esclarecer, reconocer y considerar permite la reflexión alrededor de los sucesos, entendiendo que esta es necesaria para pasar “bien” la página.  Pensar la verdad como liberadora a su vez implica considerar la mentira como aquello que limita y atrapa, por tal motivo llamó a las comunidades a asumir ese rol de búsqueda activa por la tan anhelada paz.

 

Asimismo, explicó el compromiso de la comisión de la verdad con todo el país, para esto sugiere revisar el decreto 588. No obstante, hizo énfasis en las respuestas que debe presentar la comisión a las preguntas fundamentales ¿Qué nos pasó? ¿Por qué hemos permanecido por más de 50 años en conflicto armado? ¿Qué debemos hacer para salir de aquel conflicto?

 

Para concluir afirmó el compromiso de la sociedad en la construcción de verdad, iniciar por acciones concretas como exámenes de conciencia, respeto y reconocimiento de los otras personas aunque hayan generado daño, y por último a la conciliación con los demás y con los propios pensamientos.

 

Ponencia III – Construcción del joven como sujeto político. José Luis Marín (AquinoTicias) – Abogado.

 

La intervención tuvo un enfoque desde lo humorístico, orientada a realizar una crítica y reflexión sobre la relevancia de la participación de los jóvenes como actores políticos y agentes activos para el cambio y la transformación de la sociedad entorno a la construcción de Paz. Se abordaron elementos relevantes en relación a cómo los jóvenes participan en las políticas públicas y las acciones puntuales sobre las cuales se debe fundamentar el accionar de las comunidades en la construcción de paz.

 

El ponente planteó las siguientes reflexiones referidas a la participación de los jóvenes como sujetos políticos en la construcción de paz:

 

1) “Hay que escuchar a Colombia, reconocer las problemáticas, solidarizarnos y aportar de manera activa a la construcción de Paz”.

2) “Los jóvenes deben asumir un rol activo como acto de responsabilidad, asumir las consecuencias de los actos sin desconocer el derecho a equivocarse”.

3) “La paz la hace la gente en  las comunidades, no únicamente el gobierno”.

4) “Hay que transformar la injusticia, atreverse a proponer y pensar por sí mismo, manteniendo una posición ética donde haya correspondencia entre pensamiento, palabra y acción”.

 

Para concluir su intervención,  resaltó la necesidad de considerar el cambio político que le corresponde a cada generación, proteger los derechos por los que han peleado otras generaciones;  preocupándose ante las situaciones injustas que sufren las personas en nuestro país. Cuando no se entiende la diferencia, se ataca. “La reconciliación implica defender el medio ambiente, participar políticamente y apreciar a los demás, hay que reconciliarse con el país en general para construir la Paz, los jóvenes son el presente y el futuro, la resignación es un suicidio cotidiano”.

 

Panel de jóvenes

 

En el panel se socializaron los aspectos dialogados en los Pre-foros por la paz en cada región, en esta oportunidad participaron los líderes de: Colectivo Diga – Dignidad Abejorraleña (Jefferson González Vargas de Abejorral), Colectivo Antorcha (Carolina Flórez Posada del Carmen de Viboral) y Pequeños Grandes líderes (María Isabel García de Granada). La discusión se dio en torno a las contribuciones de los jóvenes para la construcción de paz, las acciones concretas en sus comunidades y/o colectivos, y sobre qué elementos necesitan los jóvenes para realizar sus contribuciones. Los participantes reconocieron como fundamental la participación de la juventud a partir de diferentes expresiones culturales, políticas y económicas, basadas en la crítica y en el deseo de construir un mejor país, asimismo, mantener una actitud activa y propositiva frente a los nuevos retos y necesidades comunitarias, regionales y nacionales.

 

Compromisos por la paz

 

A continuación se presentan la recopilación de los compromisos expresados por nuestros asistentes para la construcción de paz:

 

-Acciones personales: tolerar, respetar, amar y convivir con la diferencia; soñar, cantar, vivir, reír y bailar para que futuras generaciones lo lleven en su historia; orar; controlar impulsos y escuchar más, aceptar sugerencias y comentarios; fortalecer la confianza y las habilidades personales; ser coherente en pensamiento, palabra y acción; amar y proteger la vida; ponerse en los zapatos del otro antes de juzgar; entender el sufrimiento y aportar a la mitigación de sus efectos; promover la paz desde el actuar y rol profesional; decir NO a la guerra y violencia; y brindar sonrisas y abrazos.

Poner en práctica valores como: amor, perdón, misericordia, justicia, tolerancia, compasión, sinceridad y prudencia.

-Acciones familiares: mejorar el diálogo y comprensión para así favorecer la convivencia, reconocer el papel activo de todos los integrantes y formar a los hijos en el respeto por la diferencia.

-Acciones comunitarias: invitar a los demás integrantes de la comunidad a participar, liderar procesos según las necesidades de la comunidad, encontrar intereses comunes, transformar pequeñas realidades, promover el diálogo y escucha, tomar conciencia sobre el compromiso de todos para la construcción de paz y unir fuerzas para ayudar a quienes nos rodean.

-Compromisos generales: cuidar el medio ambiente y a quienes lo habitan, como Dios nos enseñó; hacer la verdad como principio rector de nuestra sociedad; mejorar la educación, luchar a través del diálogo contra lo que impide o dificulta la paz; reconocer el papel de la mujer como eje central para lograr paz; acercar e invitar todos los espacios de discusión; luchar contra la corrupción; aportar el granito de arena para la construcción de un país equitativo; y observar y debatir por qué existe el conflicto armado en nuestro país.

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